
Hay brillos muy distintos penetrando mis pupilas.
Uno es nocturno
que se enrieda en cables neuronales
buscando enchufes para prender mis lamparitas.
El otro es matutino
(como en la foto)
que nace desorientado de recuerdos
y va tanteando al sol hasta manosear el atardecer.
El mundo me encandila...
y ni las lagañas matutinas,
ni las gafas oscuras de la tarde
o las cortinas cerradas al amanecer
logran dejarme ciego...
Siempre hay un resplandor brillando en el aire,
y si acaso pestaneo en ese instante,
y no lo veo...
que la taquicardea incendie mi interior!
porque soy carbón
y el brillo mi encendedor.
Nico
25/06/2010

